"Lo primitivo no es lo mismo que lo bárbaro. Lo bárbaro ya está corrompido, lo primitivo aún no ha madurado." G. Leopardi

Thursday, 2 September 2010

JEAN PETRUS (el héroe desdichado y en entredicho)


Agosto 2010

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La heroicidad es un lastre que necesitamos para no hacer de nuestra vida el vulgar cómputo de nuestros quehaceres. No son las hazañas lo que nos hace grandes, ni mejores, (en esta sociedad pestilentemente democrática no hay sitio para administrar justicia) si no el camino que recorremos a contracorriente, la superación de nuestros defectos y de las trabas y desilusiones que nos abordan a diario. Lo heroico es salir del paso, ganarse el pan y ayudar a tus allegados, como los protagonistas de las pelis de Clint Eastwood o de Ken Loach.

No puedo retractarme de lo aquí contado, ni dar marcha atrás. No tengo por qué hacerlo. Amo a esos anticuados bastardos, semidioses, semihumanos. Que haya dedicado la mayoría del blog a las mitologías, con sus correspondientes dioses y héroes, no es incompatible con la creencia de que hoy por hoy los héroes están pasados de moda, salvando a esos mamarrachos de los cómic, que, por si fuera poco ser héroes, se hacen llamar superhéroes. Los héroes hoy no tienen razón de ser, la sociedad no tiene norte, los antihéroes son los que han vencido, hundidos en sus batallas cotidianas. El Ulises de Homero es sustituido por el Ulises de Joyce.
Los héroes clásicos son personajes de ficción, producto de los delirios imaginativos y morales de nuestros antiguos antepasados. Los héroes contemporáneos son los seres humanos anónimos, que haciendo el bien por doquier recogen constantes muestras de indignación. Y callan para sobrevivir, por miedo o por vergüenza. Hasta que estallan y la cagan del todo. Ciertamente es este un estilo de vida miserable. Pero como se dice "ey lo que hay". Estamos atenazados por la burocracia y el mercado de trabajo, sujetos a la dinámica del caos, o del bingo. Lo raro es eso, que nadie parece quejarse, aunque haya a la vista una huelga general, cuando todos se quejan en gradilocuentes soliloquios.
Mientras, la vida transcurre absorta ante todo, ciega de belleza y de gracia, en ese instante que robamos a la realidad para poder sentirnos dichosos. Y no sé si es muestra de inteligencia o de necedad. Esta conciencia de percibir belleza es la compensación de percibir crueldad. De otra manera no podría entender jamás cómo el ser humano se sobrepone a tanta desgracia, y seguir amando.
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Recomendación musical: The Smith: Heaven knows I'm miserable now