"Lo primitivo no es lo mismo que lo bárbaro. Lo bárbaro ya está corrompido, lo primitivo aún no ha madurado." G. Leopardi

Wednesday, 24 October 2012

LA FÁBRICA DE NUBES (central de energía imaginaria)


 
Aquella central térmica cercana a Ponferrada se convirtió de repente en una fábrica de nubes. Íbamos en el coche en dirección a Las Médulas cuando al pequeño Kitos se le ocurrió esa metáfora. Pues si, bien parece lo que dices, -aprobamos sonrientes. Vaya ocurrencias tienen los niños.
 
 El sol de la mañana eligió aquel valle del Bierzo para lucirse por completo, y nos dejó la luz que nos había faltado los días previos. De tal modo que tanto el cielo como la tierra tenían la especial luminosidad de lo novedoso, y los rayos del sol al tocar la tierra húmeda, repleta de gotas de agua, proyectaba a su alrededor un arco iris inapreciable. Inaprecable para nosotros, longevos invidentes, pero no para los niños que aún perciben ese arco iris a su alrededor, ese arco que es mirada, esa mirada que transforma lo real y lo impulsa a otra realidad. Esa mirada es capaz de convertir una central térmica en una fábrica de nubes. Y no tóxicas, precisamente.

Tuesday, 23 October 2012

LAS MÉDULAS DEL BIERZO (historia, geología y escultura)






Las Médulas son hoy un imponente conjunto de montes arcillosos, naranjas y cobrizos, que parecen ser caprichosas esculturas de la geología. Pero no, la historia nos dice que Las Médulas fueron las mayores explotaciones auríferas a cielo abierto de todo el imperio romano. Plinio el Viejo, que trabajó en ellas como notario, nos documenta la importancia de la mina y nos proporciona detalles propios de la administración e ingeniería romana. Una vez examinados y leídos algunos documentos (especialmente los que tienen que ver con el sistema de estracción del oro) dejan de interesarme, quizás porque sigo pensando en Miguel Ángel y en su sueño de esculpir la montaña de mármol de Carrara. Qué habría hecho el animal. Lo dejamos en sueño y pasamos de nuevo a la realidad de Las Médulas, a ver en los numerosos farullones esas esculturas que escapan a la catalogación artística. Para mí, no dejan de ser fuentes de oro que inspiran mi visión siempre pétrea de lo visible.  

BIG BEN PEM (o de cómo detener y anular el tiempo)


Londres                                                                                                                      agosto 2012
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I

Nuevamente antepongo mi piedra a un objetivo elevado. Con ella lo borro, lo fulmino en el acto. No hay objetivos elevados. Temporalmente queda el tiempo eliminado, vencido, doblegado a la gravedad de la materia, a la elasticidad del espacio y a las leyes de la relatividad.

Es la esfera del tiempo ordinario la que queda detrás de la piedra, sepultada por el botón de tierra condensada que sostengo con tanta alegría como malévola inocencia. Es la piedra la que marca otro tiempo, y es realmente la piedra otro reloj que administra la velocidad y la quietud de la vida. Cegar al Big Ben con otro ojo y otro reloj es cargarse toda la historia del imperio británico y del imperio de los horarios.

II
Mi obsesión por la piedra me llevará un día a la lapidación, sin juicio ni razón, sino por capricho, azar, venganza o bendición. El que recoge tantas piedras, el que las mima, investiga, relaciona e reinterpreta, será atacado por esas piedras en su conjunto.

 En este tiempo de piedra la ficción y la ironía se apoderan de la obra y la obra se rebela contra su creador. Solo que yo espero obtener algo de lo que ofrezco, y si las piedras en sí mismas entienden mi proceder, no deberían arrojarse sobre mí, sino quedarse como están, ofreciendo desde su bendito hermetismo los valores que en ellas duermen, es decir, desplegar con su silencio y su sencilla -a la vez que rotunda- presencia su infinita bondad.


Monday, 22 October 2012

PEM DESDE EL CASTRO DE ULACA (crónica y romance vettón)







 
Estas son las cuatro fotos elegidas de  las cerca de  doscientas  que dispongo ahora de aquel día.
 Las dos primeras son mis habituales ofrendas (P.E.M.): una muestra la entrada mejor conservada en la segunda muralla al castro vettón de Ulaca, Ávila. La otra es parte del pequeño recinto sagrado que se encuentra al lado del altar ceremonial, o de sacrificios. Una auténtica joya -y rareza- para los estudiosos de los vettones, pulido en un granito especialmente duro, según me contó el guarda del yacimiento. No hay, por lo demás, ninguna inscripción en todo el castro, salvo éstas que hoy improviso. 
 
Y
 
Ella no sabía de mis intenciones.
 Creo que ni sospechaba que todo el camino hasta allí
 había sido tramado con un fin secreto.
 Ella creía que aquella escapada había sido fruto
 de una serie de casualidades.
Pero las casualidades no existen.
 
La esposé en secreto bajo el beneplácito solar,
 y por tenerlo en secreto el mismo sol me castigó.
 A poco de descender del altar de ceremonias
 el mismo sol me castigó:
se escuchó un súbito trueno
y deslumbrado al girarme
caí rodando...
...
 
O
 
Y el mismo sol me castigó.
Si, pero encarnado en ella.
 
Una irreverencia que no pude evitar
-mi estupidez se acentúa cuanto más feliz soy,
sospecho y por desgracia.
 
 El sol aprovechó el momento justamente,
y lanzó su rayo feroz
sobre el inmaculado rostro.
Reflejado se vio en su espejo
y el rayo cayó rebotado sobre mí.
 
Segundo castigo sufrido por incauto y pervertido.
Has de saber y de enterarte de una vez
que todo secreto cobra intereses.
Y que malo a veces es decir y peor callar.
Llegados a ese punto
lo mejor es partir
o besar.
Caminar con el corazón afligido
o pedir perdón mediante el beso,
si antes no te has llevado
un par de hostias.
 
Lo siento cariño, una vez más
he perdido el romanticismo.
Pero los vettones somos así.
 
 
U
 


EL BESO DE PIEDRA
 Romance vettón
 
*
Fotografía -y captación: I. Izquierdo Cuadrado.

 

Monday, 15 October 2012

MÁSCARA TOTEM (una estructura y varias funciones)


No esperéis filosofías, ni teorías, ni análisis, ni hostias por el estilo. Bueno, hostias si. La máscara soporta todas. Esa es una de las razones por la cual la utilizo a diario. Sin querer tocar los entresijos de las escuelas  antropológicas y sin querer citar autor alguno (a ver si lo consigo), quiero traduzcir éstos términos -estructura y función- contaminados de mis malas lecturas como mal estudiante, y desligado de todo academicismo. Ha de hablar mi sentido común, de cómo veo la estructura y la función de la máscara, y lo hago como ejercicio necesario para explicar mi obsesión por éstas construcciones sencillas que realizo con piedras desde hace ya unos cuantos años.

La función de la máscara es encarnar al otro, a lo otro, a lo desconocido que nos habita, y liberarnos así del sujeto -ángel o demonio- que nos llama desde las alturas o nos grita desde las profundidades. La máscara posibilita una terapia que consiste en desvelar nuestro subconsciente, en manifestar nuestra naturaleza salvaje vinculada a la idea de lo sagrado. De éste modo, la máscara nos legitima para actuar salvajemente, y descubrir  rasgos y aceptar comportamientos -a menudo brutales- de la naturaleza humana. A veces debemos ser Satán, así lo dictan las leyes del mercado laboral y del entorno social; y otras el arcángel San Gabriel, si ante nosotros se postra el niño o la mujer.

Por otra parte, la máscara nos protege de la realidad insolente. Es como si fuera el escudo tras el cual se encuentra un luchador herido que no quiere mostrar su gesto de derrota y su habitual abatimiento. Cansado, desganado y desmotivado de luchar, acude a los antiguos ritos de jefes tribales y a solemnes frases de caballeros cruzados. Espera unos segundos y se reencarna en la máscara -en el no-ser elegido. Entrega su ser a otra naturaleza que le ayuda, o eso cree, porque lo hace de un modo natural. Responde al miedo y al sentido de protección. 

Es, por lo tanto,  la máscara a la vez: un fetiche de autoconocimiento y un principio teatral. Toda mitología se forja tras la  máscara y se alimenta de ellas. Diría que es un vehículo de pensamiento y de acción, de carne y de fe; el útero donde se forman personajes suprahumanos y la piel que transpira el sudor del alma.  Porque la máscara nos otorga una extraña pero cierta resistencia ante el combate diario que nuevamente emprendemos al despertar, de puro milagro. O de puro teatro.
 
 Salir de uno para encontrarse con todo. Desligarse del yo para sintonizar con lo otro. Alimentar el espíritu. Animismo y psicoanálisis. Qué pereza, ponerme a leer las sesudas interpretaciones de los especialistas en la materia, por muy insignes que sean. Hoy soy un salvaje ciego y sordo, que no escucha ni lee, quizás un salvaje  desdeñoso que se ha quitado por fin la máscara. Y quedo aquí, tumbado así, sin más juicio ni más rostros.

ALTAMIRANOS (pasos tras una escuela)

 
Rotulador y tintas chinas. 24x35 cm.
150 €
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Empecé pensando en Ángel Ferrant, después en Antonio Saura, en Paul Klee, en Jean Dubuffet y hasta en Alexander Calder. Pero como digo empecé pensando en Ángel Ferrant, cuya obra conocí en el Museo de Arte Reina Sofía de Madrid hace ya tiempo, una década al menos.  Hoy ese "Ángel" me pone en contacto con un grupo de artistas y un momento en la historia: La escuela de Altamira. Pero mejor pinchar aquí para conocer mejor el asunto, que no es otro que la renovación artística en la postguerra madrileña (1945-1957).