"Lo primitivo no es lo mismo que lo bárbaro. Lo bárbaro ya está corrompido, lo primitivo aún no ha madurado." G. Leopardi

Monday, 17 April 2017

SIGNATURAS (desvelamiento y enigma)


   

Las letras han empezado a habitar las cenizas, como nuevos brotes tras el incendio. El vasto silencio opera como magma y tras ese magma de silencio queda otro silencio. Despierta la huella del fuego como el balbuceo de un niño recién nacido. El silencio cede al estiramiento de la vida, al progresivo alzamiento de la voz. Existo, -dice. Existo, -e insiste. Soy la E que se pronuncia en medio de las cenizas, el cuaderno en llamas de un dios invidente.

Persigo que la letra se perciba como  signo, desnudo, natural, despojado de significado. Como si fuera una arquitectura. De hecho mi pretensión se acerca a construir un desvelamiento escultórico, un enigma que resuelve el paisaje en voz baja.




Tuesday, 4 April 2017

EN TIERRA DE NADIE (habitar el far west)







Septiembre 2016


I

En  Tierra de nadie abundan buscadores de oro y tramperos, husmeadores de las afueras, enfermos de los adentros. Es el mito del far west  que repite su fórmula en otros muchos lugares colonizados por el capitalismo y otras fiebres, solo que con mayor proporción de desencanto que de esperanza.

Tierra de nadie es un territorio maltrecho y maltratado, un despojo, pero también un superviviente de la frontera. Por ahora, porque las cosas pueden cambiar. Siempre lo hacen aunque no nos demos cuenta. Tierra de nadie no es exactamente el far west o la estandarización de un territorio, si no todo aquello que escapa a una sociedad legislada y a una racionalización del suelo. Sus señas de identidad son las del forajido, las del fuera de la ley, las del misántropo; pero también la de los amantes del caos y de la naturaleza.

En tierra de nadie hay bellos senderos y se oyen aves que cantan y graznan. Y disparos al aire. En tierra de nadie caben todos aquellos que carecen de lugar. Yo, don Nadie, hijo del señor de la Nada, me proclamo legítimo heredero de estas tierras. Mi potestad sobre estas tierras me autoriza para fundar un Estado, y como funcionario mayor someto a estos territorios a mis leyes y fronteras.

Yo, don Nadie, crearía un nuevo estado independiente destinado al arte. No sería necesario solicitar permisos de residencia, ni declaración de intenciones. Ya sabéis que lo mío es proponer utopías, recomponer épicas perdidas, recuperar el pulso de aquellos que se vieron marginados en un tiempo y que tan sólo proponían nuevos modelos de sociedad (véase los falansterios de Charles Fournier), vías de escape sostenibles como alternativas a la progresiva decrepitud del modelo social que actualmente abrasa a muchos de nosotros.

Habitar es una forma de exponer. Yo quería haber habitado en la sala del Julian Besteiro cuando expuse allí mis piedras. En tienda de campaña, en una cama, en medio de la sala, al estilo de Joseph Beuys envuelto en una manta. Manipular desde allí las luces y los sonidos; enfrentarme a los visitantes como una sombra que recorre la sala. Aguardo el tiempo para que se cumpla, aunque se haya cumplido ya en mi pensamiento, con tal fuerza y perfección que difícilmente la realidad pueda superar.

Gracias a la escritura por cumplir con esta performance. Gracias a todos los signos gráficos creados por nuestros antepasados, acadios, fenicios, griegos y romanos. Gracias a todos los que mediante la lectura me hacéis estar más vivo. Gracias a mis padres por dejarme ésta herencia, a mis amigos por ponerla en marcha, y a John Wayne por enseñarme tanta piedad sin necesidad de soltar las armas.

PIEDRA Y PEPINO (cromlech de un psiquiátrico)


Habito en un pueblo conocido por su psiquiátrico, de hecho, vivimos a pocos metros. Don Benito Perez Galdós lo cita bastante en Fortunata y Jacinta, y no recuerdo qué otros literatos y gentes de letras mencionan a Leganés como sanatorio mental.  La Casa de Dementes de Santa Isabel, se llamó en un principio. En Bermeo hay otro psiquiátrico; allí hay más dementes de ciencias. En fin, -y empiezo.

Quiero tomar un derrotero loco en esta entrada de grandes pedrolos. Me gusta pensar que estas piedras estaban antes de que se fundara Leganés, o que es la construcción simbólica y fundacional del pueblo. Y no los pepinos, que no tienen nada de artísticos ni de orográficos ni de metafísicos.

Sin embargo no hay que negar que la congregación del pepino suma adeptos, y sobre todo desde el ascenso de su equipo de fútbol a primera división. La cancha que el pepino tiene en el mundo del arte se reduce a Warhol y al mal gusto, a menos que lo pringuemos en la cocina o en el humor, donde tampoco mola demasiado. El mal gusto, por otra parte, puede ser muy artístico, que se lo digan al Equipo Crónica.

El pepino tiene mala solución pero su prestigio aumenta a medida que la gintonería evoluciona; sin embargo la piedra además de ser cien veces más intuitiva, viste más, es más discreta, más noble, más señora. Por otra parte sus nutrientes espirituales son únicos. El pepino, es decir Don Pepino, es un personaje de Ibañez, que también tiene su punto, un personaje mortadelesco con poder para transformarse en todo aquello que podemos entender como "pepino". El cómic está servido.

Ironías que da la vida, opuestos que se odian, complementarios que se aman: piedra y pepino se enamoran sin remedio y pasan a conformar una peculiar pareja, un singular tándem, una desconcertante ensalada para paladares especiales. Falta la escultura que reconozca a Don Pepino su lugar en la historia de Leganés. Aunque bien mirado prefiero cien veces las esculturas minimalistas (especie de menhires) que están al fondo de este primitivo cromlech, y dejarnos de  más esculturas y derroches públicos.

O por qué no. Estamos en el momento propicio para instalar un enorme pepino en una de las entradas a Leganés o en una de sus plazas, y así constatar del todo que lo hortera y el mal gusto triunfan en el mundo de hoy. Su triunfo no es otra cosa que la ocultación de lo profundo, de lo importante, sea por miedo o por lo que sea. No es del todo broma, amigos. No me extrañaria nada que la profecía de Don Pepino se cumpliese; si nos fijamos bien el pepino es el tótem de la huerta, (un tótem fálico humanizado, comestible) y que precisamente aquí en Leganés tuvo prestigio documentado desde el siglo XVI. El pepino es  tótem y hortaliza, es fuerza telúrica, nutritiva y económica; y por si fuera poco es palabra de moda. 

Mientras, creo que  me refugiaré en torno a estos pedrolos, con mi pepino entre las manos, protegiéndome de la estupidez con otros locos de alrededor, esperando a las horas de taller. Aunque no tengo asegurado que con mi medio estrenado Huawei me salve tan fácilmente de la estupidez humana. Y ese es otro tema de locos del que pronto daré cuenta.