Ficha Técnica
- Título: Dynamicus
- Técnica: Punta seca
- Tamaño matriz: 3 matrices de acetato, 2 de 70 x 50 cm. y 1 de 50 x 35 cm.
- Tamaño papel /tipo: 65 x 49 cm. / Canson Edition 250 gr.
- Número de tintas: 4
- Taller: El Mono de la Tinta (Madrid)
- Edición: 1/1
- Estimación económica: 350 €
- Autor: Carlos Medel Redondo
- Año: 2026
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Está bien, no insistáis, os contaré la historia que hay detrás y delante del grabado de hoy. Hace unos años, entre tres y cuatro, una persona muy querida me dio a conocer un descubrimiento en el campo de la arqueología.
1.
-Tienes que verlo Carlos, es impresionante, son petroglifos!!
A los pocos días no daba crédito, se trataba de una amplia roca inclinada, un canchal sobre el que se había labrado un gran conjunto de motivos gráficos, a modo de símbolos y otras incisiones esquemáticas que no me atrevería aún a definir.
Fuimos, mochila en ristre, al lugar indicado. Según nos íbamos aproximando sentí un no sé qué, quizás sugestionado por el inminente hallazgo, y empecé a experimentar una serie de leves alteraciones en los sentidos. Magnetismos y pulsiones del campo y los montes, de las lomas, el cielo, las nubes y los canchos. Paso a paso, recibía vibraciones que el entorno emitía, como si tuviera incorporado un radar telúrico o un lector de radio en morse que hacía de cada latido un enjambre de zumbidos de diferentes intensidades. Tambores y clarines, panderos y sonajas. Aquí tampoco me atrevería a definir el estado en el que me encontraba, al igual que ocurrió cuando tuve por fin delante de mis ojos el gran panel pétreo profusamente cincelado, a saber por qué arcaico instrumental.
Perplejo, mudo; perplejo, mudo. Se abría una puerta a otro mundo, a otro mundo muy nuestro y muy olvidado, tan remoto que sólo la prehistoria y la geología pueden dar cuenta de él. Como buen usurpador del tiempo, saqué el papel continuo con los grafitos y las ceras, y con sumo cuidado me dispuse a copiar/calcar las texturas de cuantos motivos pude. No me juzguéis. Empleé la técnica del frottage en no más de diez pliegos. Todo con avidez y premura, pues la noche caía y amenazaba con su frío manto, oscuro y salvaje. Volveré, sí, volveré.
2.
Aún no he vuelto pero los frottages que obtuve me han servido para llevarlos a mi terreno, para interpretarlos en su original forma y escala. No he tenido más que calcar los frottages en planchas de acetato transparente y con una punta de metal sacar el dibujo inciso. El resto es trabajo de estampación, trabajo de taller: tinta, papel y tórculo.
Para empezar, elegí este disco de círculos concéntricos, que a veces parece formar una espiral y otras un laberinto, cuando no huellas dactilares. Círculos, laberinto, espiral, huella dactilar. Las cuatro maneras de mirarlo me parecen poderosas y sugerentes, y si lo aunamos ya ralla lo sublime cuando no la demencia. Hay orden y hay caos. Hay fuerza, locura, identidad, devenir, eternidad, embrujo, astrología, teología, energía: vida.
Calqué y grabé el disco dos veces, una rellenando la superficie del dibujo, la forma, a base de incisiones de puntos muy juntos; y en la otra matriz me centré en el contorno del dibujo, conformado por pequeñas áreas. He decidido cruzar los discos, obligándoles a un encuentro, solapar sus curvaturas, superponiendo parte de uno en el otro, así como superpongo los tiempos del pasado remoto y el presente inmediato. Quiero fundir esa música callada y olvidada del pasado con el silencio que albergo. No sé si así se abrazan o se enfrentan, si uno gira a la izquierda y el otro a la derecha, si así he plasmado la contradicción y la naturaleza de los opuestos o he conseguido poner en marcha una maquinaria del porvenir.
3.
No puedo decir más que celebrar esta comunión temporal. Es algo así como entrar en contacto con los primeros grabadores, aquellos que no necesitaban ni tinta, ni papel, ni tórculo, ni plataformas digitales. Lo que se puede afirmar es que fue una manera de marcar y dar identidad a un territorio y a una comunidad.
Me consta que la Junta de Extremadura y sus arqueólogos ya lo están estudiando, o quizás lo han archivado, esperando nuevos presupuestos para la investigación o agentes verdaderamente implicados que valoren en consecuencia y rigor. De verdad que no sé a qué esperan, es un hallazgo único en tierras extremeñas. Que yo sepa no se han documentados estos símbolos tan al sur, ni de manera tan profusa. Continuaré, o no. Decidme.
4.
Otras interpretaciones bailan en mi cabeza bajo la música callada de este disco prehistórico. Son nueve anillos, y nueve son los meses de gestación humana. ¿Y si fuera una especie de ecografía primitiva? ¿Y si fuera un calendario solar, lunar, o estacional? ¿O tal vez tiene que ver con las etapas de la vida dentro de un clan? ¿O es tan sólo un rasgo estético de ciertas culturas, elementos distintivos de grupos humanos? ¿O el símbolo de alianzas? ¿O un desconocido sistema de contabilidad? Es necesario formular hipótesis, imaginar que nuestros ancestros no eran tan tontos como nosotros y que tenían razones para dejar testimonios de sus saberes y costumbres a futuras generaciones. Hubo un tiempo en el que ser humano era verdaderamente humano.
Todo símbolo tiene su función, y el tiempo tiende a difuminarlos, a borrarlos, a ocultarlos bajo la lógica inmemorial del olvido y el silencio. Es en el silencio donde todo símbolo cobra sentido, pues el silencio es la herramienta que permite a la memoria abrirse paso en la selva ruidosa de nuestros industriosos días.
5.
Ponerse delante de un cuadro sigue siendo un acto tremendamente útil: puede hacerte feliz.
6.
No son casuales los colores que he elegido para formar esta bandera metatemporal con doble escudo. El rojo siempre es la vida, la sangre. El negro siempre es la muerte y la sabiduría (?), y el blanco es la estrecha franja del presente en el que se encuentran y conviven vida, muerte y sueño.
Ahora, una vez que habéis llegado hasta aquí, os pediré una cosa: os pido que olviden todo lo que he dicho hasta ahora, olvidadlo del tirón, como si fuera mentira, una tomadura de pelo o una broma vanguardista. Borrad todo de nuestra memoria, sólo son cavilaciones y sentires sin importancia de un ser que tampoco prefiero definir. Lo único que sé es que he llegado hasta aquí por pura casualidad, y que he realizado esta estampa bajo los dictámenes de un ciego al que llaman intuición. Os pido que olvidéis lo leído y si podéis perdonadme, que ya no es broma. Mirad y callad, porque lo más probable es que no os diga nada, o poca cosa, aunque sea el espejo donde se refleja una promesa de porvenir.
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