"Lo primitivo no es lo mismo que lo bárbaro. Lo bárbaro ya está corrompido, lo primitivo aún no ha madurado." G. Leopardi

TEXTOS

LA PIEDRA DADA (o el mágico murmullo)

Introducción teórica:



Entiendo que cada piedra es una escultura única labrada por la naturaleza y los agentes temporales, una escultura única que como tal debe mirarse –y admirarse- desde sus 360º. Es cuando haces girar la piedra cuando la piedra despierta. Como si jugar con lo más serio pudiera quitar la gravedad del objeto, del asunto. Jugar con lo inanimado es proporcionar vida, insuflar aliento a la materia inerte que te rodea, vislumbrar atisbos de magia, suaves murmullos que dialogan con el ser humano que juega en silencio.

Piedra y tiempo son lo mismo. La piedra es un condensador de milenios, un transmisor insólito del tiempo que nos ayuda a desconectar, precisamente, del tiempo. La piedra en las manos está cargada de presente y preñada de futuro.

Por otra parte la piedra en las manos nos pone en contacto con el tiempo remoto. En mi caso, poner las piedras al servicio de unos rostros no ha sido por casualidad, sino el resultado de mis anhelos por utilizar elementos de la historia remota e imaginaria, como son los mitos, en aras de avisar al hombre que parte de su esencia se ha perdido en nuestros días.

 El rostro simboliza la conciencia humana, con sus raciocinios y delirios. Los rostros de piedras evocan a las divinidades perennes, que aún dormidas en los confines del tiempo, cumplen la doble función de la protección y la transformación. He aquí las máscaras que toda cultura o civilización ha desarrollado a lo largo de la historia.

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La piedra en las manos abre dos frentes en la mente:

1.    El juego con sus formas, colores, etc…propicia una experiencia vital en la que se potencia las propiedades estéticas del ser.
2.    Su significado simbólico. La piedra es fuente de la meditación, y en dicha fuente fluyen las propiedades éticas del ser.

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Introducción práctica:

Mi trabajo consiste en someter a las piedras a una operación artística, a un juego que sigue unas pautas precisas que podemos llamar método. Resumiendo, sigo tres pasos:

1.    Elegir la piedra. Para ello es necesario el contacto con la naturaleza agreste, la integración de la persona en el medio ancestral, la inmersión del ser en el entorno circundante. Una vez allí se buscan las  piedras que contengan ciertas cualidades, normalmente de tipo morfológico, pues considero que la forma es el alma de lo escultórico y lo escultórico es la formación del alma.
2.    Componer, mover las piedras, agitarlas, ponerlas en órbita, domesticarlas, civilizarlas, formar tribus, asambleas, intimidades entre ellas. Hasta que uno da con un conjunto compacto, con una composición excelente.
3.    Elaborar un soporte donde permanezca la composición y trabajar el acabado según la naturaleza de la composición. Cuando la composición se realiza en la naturaleza el soporte suele ser fotográfico. Ha de considerarse que el soporto por excelencia es la tierra, la piedra descansa en su medio y se expone a las transformaciones del medio.

Como resultado tenemos un conjunto de piedras transformadas, metamorfoseadas mediante la operación artística y convertidas en “entidades culturales” que pueden encajar a otras corrientes contemporáneas donde el artista elabora “mitologías personales”.


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LA PIEDRA DADA ofrece varias lecturas.

a)    Lo aparente.- No hay más de lo que vemos. La piedra ofrece su cuerpo tangible, su poderoso volumen, su singular musculatura erguida. La piedra como escultura última y primera, la pieza del puzzle infinito, el motor apagado de un juego latente.
b)    Lo inherente.- La piedra siempre a acompañado los pasos de la humanidad. Entrañable compañera, que decía Toni Gallardo. La piedra te hace avanzar en su inerte designio, para eso somos hombres, para establecer diálogos con el misterio del mundo, para abrir caminos allá donde sólo hay  maleza,  pedregales  y arena.
c)    Lo real.- El regalo de la piedra lleva consigo un mágico murmullo. Llamada es canto rodado.
d)    Lo efectivo.- Agente del silencio, embajadora de la calma. Ella te conduce desde su silencio y su paz a comunicar su ser de belleza. La piedra dialoga con nuestro ser callado. Qué mejor medicina para el espantoso ruido de nuestros días, para olvidarse de la vorágine y de la histeria. Qué mejor médico, brujo o chamán.
e)    Lo afectivo.- Me igualo a ti, piedra del camino, que si no lo recorres al menos estás en él. Me igualo a tu insignificancia, a tu dureza, a tu callada ovación.

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Tipología sinfónica de la Piedra Dada


1. Hay pasiones tan poderosas que uno diría estar afectado por la enfermedad. Obsesiones, soles desmesurados que desprenden la luz que tu exagerado ser pide, lunas que emiten el misterio que tu espíritu anhela. En cuanto a mi respecta prefiero utilizar el término de síndrome, por delante del de enfermedad u obsesión, pues engloba y sintetiza a ambos.

2. Mi síndrome es la piedra, ninguna en particular, todas sin excepción y al mismo tiempo.
Es el símbolo que recoge la vida y la muerte, la inercia y la transformación, la riqueza y la pobreza, la divinidad y la maldición. La piedra de toque, la piedra angular, la piedra como centro, como cimiento, como templo, como altar, como regalo.


La ciencia ofrece un completo listado anatómico, morfológico y atómico de las distintas clases de componentes que forman la piedra. Pero también tenemos la otra genealogía lítica cardinal: aquella que sólo es capaz de identificar y corroborar el ser humano inmerso en la naturaleza. Por esta vía emerge la subjetividad, la visión personal que permite a cada cual hallar en el material pétreo el fluir de las fuentes terrenales, plenas de sentido, de energía y magnetismo.

3. Hay piedras tan calladas que ni suspiran cuando recuerdan la lluvia, hay piedras tan gritonas que dejan todo su alrededor ensordecido. Hay piedras de extrema pobreza que nunca se quejan de nada, y hay piedras preciosas que siempre están pidiendo miradas. Hay piedras estúpidas y piedras de extremada simpatía, hay piedras gordas y piedras enjutas. Hay piedras para la acción, que piden tu mano y el brazo alzado y el martillo con el cincel en su costado. Hay piedras solemnes nacidas para la contemplación eterna y piedras impacientes surgidas de la urgencia de la vida. Hay piedras medicinales que sanan el alma con sólo rozarlas y piedras malditas que te dejan por los suelos. Hay piedras reinas que se alzan en lugares destacados, y piedras vasallas que bordean y protegen la magnitud de la soberana. Hay piedras que esconden fósiles, hay piedras que esconden oro y hay piedras que no esconden nada, y que son, precisamente, las que más me interesan. Porque me maravilla su desnudez, su forma exacta, su terminación azarosa, su aceptación para habitar el mundo.

4. El conocimiento puede residir en las piedras, pero no le pertenece. Debo diferenciar el hombre de la piedra si no quiero caer en la demencia. Sin embargo me resulta bello situarme en la Edad de Piedra. Cuando el hombre estaba en los primeros estadios de su evolución cultural. Por entonces la humanidad no estaba aquejada de los males que hoy en día nos acosan. La piedra es la puerta que me conduce a otra tierra. La piedra es la llave de una voluntaria enajenación capaz de mantenerme al margen de los pesares diarios.

5. Las piedras tienen una única patria, una sola raza y condición; aunque pertenezcan a la montaña, aunque duerman en el lecho marino, aunque las extirpen de las canteras o atraviesen los caminos. Las piedras son de la tierra, son los recortes geológicos que muestran la composición del suelo por el que caminamos. Como podemos ver, la variedad de las piedras es infinita. Sólo precisa de una sensibilidad pétrea para poder distinguir tan vasta y fina naturaleza.



CMR, 23 nov. 09

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La exposición que propongo tiene como eje vertebrador la piedra en bruto, sin talla ni tratamientos, la piedra tal cual es hallada en el medio natural.

A nivel artístico la piedra me ofrece una parte del todo, una escultura sólida de tierra en la que se pueden apreciar un gran número de matices y texturas.  Aparentemente anodina, la piedra es tremendamente expresiva y son esas cualidades las que destaco en cada obra.

En otro nivel, digamos simbólico o conceptual, la piedra condensa múltiples significados, tanto estéticos como  filosóficos, que contienen en sí las propiedades del tiempo y del silencio, la evocación del pasado y la potencialidad del presente, el arma de la meditación y la espada de la paciencia.

En su ensayo Piedra y palabra, el profesor de estética de la Universidad de Sevilla, Antonio Molina Flores, nos ofrece una cita impagable al respecto:

“ Pero las piedras son objetos concretos y ha de producirse una operación de transformación o metamorfosis a la que podemos llamar arte, para que de esos objetos tan terrenales que son tierra y siempre están pegados a la tierra, se le adhieran ideas, sentimientos, pensamientos y emociones. Y si entendemos esta operación tal vez entendamos qué es esto del arte”

En el plano representativo, la piedra es el elemento compositivo elegido para formar personajes y escenas de carácter mitológico, aunque despojados de los atributos que el clasicismo y la tradición nos ha dejado. Es pues, una reinterpretación actualizada y personal de lo mitológico. Creo que la mitología ha sido para el artista y el poeta una tentativa de lenguaje universal, tal y como expresaba Marguerite Yourcenar en su ensayo Mitología Griega y mitología de Grecia:

“De Virgilio a Paul Valery, la tradición griega abrió a todos la puerta de un país lo bastante amplio para que cada cual halle en él su provincia, lo bastante desierto para pasearse por él desnudo, aunque se encuentre poblado por fantasmas que cantan.”

Con todo ello, la exposición de La Piedra dada es una propuesta que aspira a conducirnos a las raíces mismas de la cultura -no sólo occidental- como algo intrínseco al ser humano. Y creo haber encontrado en la piedra el instrumento adecuado para tal fin.