"Lo primitivo no es lo mismo que lo bárbaro. Lo bárbaro ya está corrompido, lo primitivo aún no ha madurado." G. Leopardi

Thursday, 10 April 2014

RETRATO DE ARCIMBOLDO (de otros cantos a la locura)

Abril 2014 

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 "Si se continúa amando sinceramente lo que es en verdad digno de amor y no se derrocha el amor en cosas insignificantes e insípidas, se logrará, poco a poco, más luz y se llegará a ser más fuerte”

Vincent van Gogh
 (1853-1890)

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El retrato de Archimboldo es un tanto daliniano, las hormigas inquietas sobre las piedras me recordaron a escenas de Un perro andaluz de una forma más que evidente. Sin embargo me resulta hasta grotesco emparentar semejantes talentos, y por eso lo hago adrede y a conciencia, precisamente por coherencia: lo grotesco preside el rumbo de sus pinturas. 

Como digo, la relación entre el surrealismo de vanguardia y el singular pintor renacentista no es inocente, está encaminada a sacar a otro genio de la chistera: El Bosco, con el que parece completarse un exquisito paisaje de ilustres dementes. Así que me contendré en citar a más artistas de esta índole a fin de organizar el caos y dar mayor clarividencia a los locos que hoy elogio, que me temo serán pocos.

Las hormigas son las inquietudes que se esconden tras el grave rostro y que de vez en vez emergen como pensamientos que danzan de aquí para allá bajo la lámpara oscilante de los ojos. Las hormigas han devorado todas las viandas con que componía Archimboldo y quieren más, tal vez cumplir su tarea limpiadora y despojarme de mi repentina petulancia de enamorado del arte y de todo innecesario adorno. Pero no, yo represento con estas palabras a esas mismas hormigas que apestan a inquietud y a subidón de hormonas.
A todo esto, seguro que vendría a nuestro encuentro el genio excitadísimo de  Salvador Dalí, quien no duraría en soltarme una airosa galleta a modo de obsequio, y repartiría paranoicos sofismos y enérgicos galimatías sobre la frase de van Gogh con que encabezo el post de hoy, y escandalosas risotadas ante mi actitud con las piedras. El genio de Dalí me la trae bien floja, todo en él me parece hoy una postura. Entonces, ¿por qué demonios le he dedicado estas líneas? Oh, si, qué olvido, qué torpeza, qué chaladura, si todo esto es sólo otro canto a la llamada locura.