"Lo primitivo no es lo mismo que lo bárbaro. Lo bárbaro ya está corrompido, lo primitivo aún no ha madurado." G. Leopardi

Tuesday, 26 September 2017

UN MONTÓN DE PIEDRAS (y un cerro de palabras)




                                                                                                Septiembre 2017  



Por lo que me consta, majano es el nombre que tiene este tipo de construcción en tierras de Castilla y de Extremadura. Su origen es de índole agrícola, aunque son muchas las derivas que puede tomar. Estos montones de piedras se van acumulando por doquier: en medio de los llanos, al borde de caminos, en playas, cascadas, en cumbres de montañas. En los parajes últimos, o primeros.

Los majanos dibujan el paisaje, lo crean, lo singularizan. Dotan al territorio de una señal poderosa, de un punto estratégico, de reunión, jurídico o religioso. Hay teorías que afirman que con la eclosión del cristianismo muchos de estos túmulos fueron transformados en cruceiros. Me pregunto por qué se pueden encontrar a lo largo y ancho de el mundo. Parece que el hombre siempre ha estado amontonando piedras, sus razones tendrá, aunque más bien creo que se debe a un instinto ancestral, grabado a fuego en nuestro código genético. 

Estos montones de piedras tienen distintos nombres en según qué regiones. Cairns en la Europa atlántica, Apachetas en Suramérica, Ovoos en Mongolia. En la mitología clásica también tiene su hueco, que se lo digan a Hermes. En La Bíblia un montículo de piedras fue elegido como símbolo del pacto entre Jacob y Labán, y en la Antigüedad son señalados como puntos sepulcrales y rituales. También como torres de vigilancia. Es incuestionables: un montón de piedras siempre ha dado un juego bárbaro. 

Una variante de estos montones de piedras son los mojones, cuya utilidad es indicar los caminos a los distraídos caminantes y hacerlos visibles en épocas de nevadas. También se pueden ver muchos sin utilidad alguna, las stone balance que se le llama. Sólo buscan la belleza del equilibrio, -y desafiar a las leyes de la gravedad, y de la paciencia. Más que montones son hileras de piedras sometidas al frágil equilibrio que les ha dado la mano del hombre. Fragilidad, equilibrio y fugacidad en estado sumo, cualidades que el hombre expresa a través de un material nada frágil ni fugaz. 

La mano del hombre, ese desafío, ese milagro hacedor (y destructor), instrumento primero de la voluntad y de la inteligencia. La mano del hombre, maniática de la belleza, del horror, de lo imposible. "Pienso con la yema de los dedos", dejó escrito Carlos Edmundo de Ory. La mano del hombre, esa antena del cerebro, ese gesto parlante, esa raiz del cuerpo, es quizás la fuerza transformadora más potente que hay sobre la faz de la tierra, y lo primero que eligió fue una piedra. Nada más útil ni más a mano.

Yo creo que todo majano es una sombra nuestra, que señala nuestra existencia y desvela nuestra enfermedad: la vanidad. Son pocos los hombres que no quieren trascender a través de un cúmulo de piedras, que renuncian a emplear las vértebras de lo eterno como huellas de su paso por el mundo. Señalar el lugar sin estar a espensas de la historia es otra cara de la vanidad. 

Solo atienden a una razón genética: marcar el territorio, como el perro que orina. El hombre es un conquistador y la tierra su amada. La tierra deja besos sobre la tierra que el hombre amontona. Romances son los majanos, composiciones secretas, murmuraciones minerales, cuevas abiertas, alientos sexuales. Hace tiempo que ya lo sabéis, escasos, cabales y estimados amigos: la piedra es mi demencia y mi delirio.