"Lo primitivo no es lo mismo que lo bárbaro. Lo bárbaro ya está corrompido, lo primitivo aún no ha madurado." G. Leopardi

Thursday, 2 September 2010

LONGINUS (del conocimiento y sus límites)

Agosto 2010
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Perdónenme ustedes, amigos míos. Anoche me debatía en particular soliloquio, espeso, trabado, desordenado. Tanto divagar para nada, es cierto. Tal vez sólo para comprobar que pertenezco a esa especie endémica de diletantes nocturnos. Así es el insomnio. Perdónenme, pero aquí lo publico. No hay nada como ver que las palabras a veces no se las lleva ni el más huracanado de los vientos, y que Blogger nos acoge en su remanso de libertad, pese a la opinión de algunos férreos críticos de internet que estiman estos ejercicios de simples prácticas onanistas, de elucubraciones cibernéticas.
Como el canto en el desierto caerán estas palabras en la red. A ellos les dedico las siguientes líneas. Veamos si producen eco y alguien contesta u opina con otros cantos.
Que os aproveche.

I

El conocimiento imprime al ser humano cierto poder, la capacidad para administrar el control sobre lo que debe y no debe ser de uso público. A más conocimientos más poder. Esa es la carrera de toda civilización. El límite del conocimiento está en los límites del poder. Se sabe públicamente lo que el poder quiere, sino reventaría en mil pedazos no sólo las cúpulas del poder, sino las estructuras del conocimiento clásico moderno. ¿Qué sería entonces del juego político bipartidista al que estamos sometidos?, ¿o, que sería de la industria farmaceútica, o de la Seguridad Social?

Las civilizaciones que nos han precedido nos han dejado abundantes muestras de conocimientos, sin los cuales, no estaríamos en los niveles de desarrollo alcanzados. Sin embargo, para llegar hasta aquí hemos tenido que aniquilar culturas enteras, quizá por graves incompatibilidades, o por simple y llana codicia o miedo. El servicio que la Iglesia ha prestado a la humanidad es impagable. Los monasterios, guardianes de la cultura clásica, traductores de los avances de las ciencias y el pensamiento de Oriente y Occidente, hicieron una criba majestuosa -y quién sabe si brutal-, pues ¿cómo hacer convivir dos maneras de pensar? Esa es la tarea que nos han dejado y la que tenemos obligación de retomar.

Pienso en que hubo un tiempo de convivencia (que nunca, no nos engañemos, ha sido pacífica) entre la mentalidades orientales y occidentales, y que de allí probablemente naciera el Cristianismo, (la oratoria mística oriental junto al pragmatismo occidental). Y a todo ello sumemos el instinto animal que, en no pocas ocasiones, nos domina. Este dirá que siempre es más provechoso y vigoroso para el cuerpo y el espíritu humano procurarse un enemigo y hacer la guerra, como si estuviéramos aún es los estadios primitivos de cazadores-recolectores. En definitiva, es más fácil y útil buscar culpables que soluciones.

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Recomendación musical: Sebadoh: On Fire