Monday, 7 November 2022

CÁNTICOS DEL PANTANO ( recuerdo ser feliz )

 

En la travesía de La pluma, en Leganés, aún queda algo de aquello. 



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Recuerdo ser feliz posponiendo una y otra vez todas las tareas que tenía como ser humano. Con la lavadora rota y un cerro de ropa sucia a sus pies. Recuerdo ser feliz sin trabajo y sin dinero y sin deudas y sin amor y sin casa. Recuerdo ser feliz mintiéndome a mí mismo, como ese recuerdo que se crea en cuanto caes en la cuenta de haberlo olvidado. Recuerdo tanta mentira y tanta verdad siniestra. Recuerdo haber caído en casi todos los infiernos, y digo casi porque soy consciente que siempre algo olvido, aunque sea otro infierno. Los infiernos son infinitos, y quiero pensar que los paraísos también lo son.

Recuerdo ser feliz  con tan poca cosa que me sentía rico de pobreza. Nadie tiene tanta pobreza como yo tenía. Me dejé llevar por un pensamiento: cada día que vivo es un regalo que no tiene precio. La pobreza era el regalo, el alma para valorar lo poco y lo mucho que hay en la vida. Lo mucho y poco que hay en los contenedores de basura y en los centros comerciales.

Recuerdo ser feliz en un lago con una mujer desnuda. Recuerdo ser feliz al haber estado con ella en completo y absoluto desnudo. 

Recuerdo ser feliz mientras borro la memoria y me centro en tí. Recuerdo ser feliz a tu lado todo el tiempo. Recuerdo ser feliz mientras me esfuerzo en fijar mi próximo recuerdo.  Recuerdo ser feliz en la mentira. 

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Algo tenía escrito sobre lo imprevisible de los días, y hasta de los mismos recuerdos. Me aburrieron un día y previsiblemente fueron a la hoguera. Cuadernos, libretas, dibujos, libros, objetos que amaba. Todo ardía en la pira una noche de noviembre. Todo rocíado de gasolina mientras llovía finamente. La pirámide de fuego me concedió a cambio un ojo nuevo, una vida nueva. 

***

Los recuerdos de aquel tiempo aún ruedan a través de la memoria, como en la noria el agua del río.

La memoria es un disco mágico que constantemente se está formando y erosionando. Se forma a la vez que se erosiona, -como el universo. Quizás, y con la erosición aparece, al tiempo, una nueva forma o un dibujo nuevo bajo la piel primera que la vida concede en su inicio.

Tenía algo escrito sobre la previsible imprevisilidad de la vida. De hecho, algo que ahora me parece tan obvio, me pareció en su día una fuente de sabiduría. Saber que cada día guarda algo nuevo y viejo que aparece si permaneces atento. Atento al exterior, y al interior sobre todo. Es como dar con el filón de oro en la mina. Esa conciencia  me permite escribir, aunque ya con mesura. La escritura se convirtió en un mal desde el momento que se tornó en costumbre. Por eso ahora no escribo. Y no escribo porque es lo mejor para mí. Me hace desdichado, y aún no sé la causa pero es así. Por eso esto no está escrito en ninguna parte aunque puedas leerlo. No importa. Carece de valor, incluso para el desdichado que escribe.

 A partir del momento que escribo, en contra de lo que comúnmente se cree,  empiezo a morir, o muero directamente. Es la muerte quien escribe, quien está en mis dedos, quien me limpia los mocos y la baba, quien rebaña la taza de chocolate e inventa todo este despropósito de escrito.

Por eso no escribo. No escribo nada, ni esto que aquí existe, tan exiguo que ya expira. No escribo porque no necesito renacer. Ya nací, y ya que estoy prefiero seguir siendo quien soy, ya conozco el percal, ya he probado la amargura de su fracaso y las mieles de sus éxitos. Y tengo el aliento de la bestia que duerme en el jardín. 


Hay quien prefiere entrenarse en un gimnasio lleno de pulcras máquinas metálicas con empuñaduras de espuma, forrado de espejos donde rebota el brillo de biceps y gluteos. Hacen bien si es lo que bien quieren hacer; ejercitar el cuerpo es algo saludable e incluso necesario. Eso se dice, incluso con severa rotundidad. El ejercicio físico segrega hormonas de la felicidad y, lo que es más importante, aporta al cuerpo un aspecto atractivo.

Sin embargo, el ejercicio físico puede ser tan peligroso como el ejercico espiritual.  Por ejemplo. Si te entrenas en la escritura. Todo ejercicio tiene métodos. Los hay que, para escribir, suelen ser perfectos para dejar de escribir. Se te quitan las ganas. Y como no hay ningún método del que me fie elijo el método del vacío. Que a veces impone negación y otras veces  exige desataduras extremas. Hasta que dentro de unos meses haya pasado por todos los vacíos que tengo -detecto-  a mi alcance.

Cuando realmente todo me de lo mismo. Es mi nirvana personal. LLegar a eso, a tomar esa conciencia, será tan alarmante que no me alarmaré de nada. Me reiré de mí mismo. Me echaré a llorar. Veré que no puedo llorar porque me da lo mismo. Veré todas las veces que pude haber llorado sin haberlo conseguido. Veré toda mi represión, todas las veces que eché las manos contra mi cuello. Veré todas las veces que quise ver mis manos en los cuellos de otros. Veré todos las orgías donde no participé. Veré cada desnudo de cada mujer que deseé. Veré cada dormitorio donde no puse un pie. Veré que la noche es tan ciega como yo.

****

El vacío se llena del no y del sí y se rehace en su nada con el tal vez.

El principio de todo escritor es el final de la escritura. 

El precio de ser un escritor es dejar de escribir.

Cada escritor tiene la misión de encontrar su método. Y de destruirlo.

 

Sufres lexiones en el alma, derrames de neuronas, derrapes de la inteligencia, y un sinfin de quebraduras que la medicina de hoy jamás podrá detectar.


Yo sufro de pantanos. Todo lo dejo empantanado. Acumulo basura, objetos que encuentro en la calle y en los cubos de oportunidades. Yo soy pantano. Toco algo y lo lleno de barro. Con ello moldeo la vida a mi capricho y voluntad. Pero no hay motivo para ello. Y lo dejo. Y me dejo. Y al dejarme recibo semillas que pueden o no germinar. Soy pantano y permito vivir a todo lo que venga. Procuro dar cobijo y alimento a cualquier forma de viva que se me acerque. Mientras no quiera transformarme, mientras no quiera construir un centro comercial (demencial, los llamo para mis adentros), una zona residencial o un parque temático.

 

Yo habito en el pantano, lo conozco al dedillo. Soy feliz en el pantano. Conozco sus límites y dentro de sus límites he llegado a vivir tranquilo, incluso recuerdo ser feliz. Claro, eso lo digo ahora que cumplí 100 años el pasado martes.

Sunday, 30 October 2022

CÁNTICOS DEL CAMPUS (con otros cantares del manicomio)



-1- 

Sufres lesiones intratables en el alma, derrames de neuronas que siguen cayendo, derrapes de la inteligencia sin frenada aún, y un sinfín de quebraduras que la medicina de hoy jamás podrá detectar. O sí. 

Esas lesiones son la amnesia general que nos enchufan a través de los medios de comunicación y las redes sociales. Es el nuevo credo y la nueva peste. La culpabilidad se traduce hoy en apatía, en complejo de inferioridad o en reafirmaciones y exposiciones del yo realmente enfermizas. Aunque hay de todo y todos tienen derecho a ese goce, a esa ilusión que producen de estar con la peña, de estar acompañados, incluso avasallados.

 Desde que las redes sociales se han implantado en nuestro día a día no hay más que corazones, likes -y no likes-, besos, sonrisas y buen rollo emoticonoidal.  Muchos nos lo tragamos del tirón, a bocajarro. A cholón. Pero es mentira. Todo lo que sucede fuera de uno es mentira, u otra verdad, u otra lidia en otra plaza. Y he de añadir que me gusta ver a tantos amigos y a familia dejando testimonios de sus felices existencias, algunos expresan otros sentimientos, otros solo buscan camorra camuflada, otros mofa, otros buscan follar. Es mi caso, por eso me va como me va.


-2- 

El vacío caótico se llena del sí y del no, y se rehace en su nada caótica con el tal vez.

El principio de todo escritor es el final de la escritura. 

El precio de ser un escritor es dejar de escribir.

Cada escritor tiene la misión de encontrar su método. Y de destruirlo.

Un verdadero escritor no necesita lectores. Un verdadero escritor sólo necesita un editor.

 

-3-

El loco debe mantenerse fiel a su locura, como el ave migratoria a su lugar de origen.

El loco debe encerrarse voluntariamente en su jaula.

El loco debe dejar tranquilo a los demás, es la mejor manera para gozar su locura. 

*

El buen loco dice lo que piensa, aún no sabiendo lo que dice. 

El buen loco debe dejar puntualmente su jaula para no perder el sentido de la libertad, eje de su locura. 

El buen loco debe ser del todo bondadoso.

Sunday, 23 October 2022

CÁNTICO DE LOS MONTES ( borrador para una sinfonía coral )

 
*

Orquestación: Campanas y Cencerros

Acompañamientos: Trinos, Rebuznos, ramas al viento.

Dirección: El Sol

Auditorio: Los Montes (de Garciaz, Cáceres)


 

Pronto será tarde,
murmuran los muertos,
y no sabes si sentencian o advierten.
Menos mal que el bien
nos dice que siempre
 es aquí y ahora. 
 
Pronto será tarde,
también lo recuerdan los montes.
 Menos mal que aquí están las campanas
 y los cencerros para despertarte ahora
que el viento próximo de la noche
traerá también la aurora.
 

La imagen de hoy está vivida por sus cuatro costados y habita ya en mi espinazo. Allá, en el otoño pasado -cuando realicé la fotografía- y aquí y ahora, en la presente privamera tardía, cuando trazo estas líneas. La imagen de hoy es una ventana espacio temporal que contiene una epifanía, o varias. Veamos.
 
 
 
***** 
 

Cántico de los montes
 
Campanas y cencerros sirven por igual al mismo fin.

 
Primera parte: Cencerros.......................................(1-9) Nueve variaciones sobre dos parejas
Segunda parte: Campanas...................................................................... (10-12) Tres cánticos


 
 Notas preeliminares

Son los montes tus pulmones
 
Por fin puedo entregaros algo medianamente digno, un borrador que me ha ocupado horas y noches y que llegué a darlo por perdido. Suelo emplear más tiempo en corregir que en escribir, lo cual resulta agotador y mima -cuando no pule- considerablemente mi tarea de editar.  Solo cuando he dado por terminado este primer borrador he podido estructurarlo y dilucidarlo en su conjunto, con lo cual te tenido de nuevo que revisarlo.
 
Primero trabajé el plano descriptivo, la imagen pura y desmenbrada. He manejado cinco elementos primordiales: sol, nubes, árboles, campanario y espadaña. El primero de ellos sirve como eje y los cuatro restantes forman dos parejas. Campanario-espadaña, que representará "Cames", y árbol-nube, que tendrá su representación en el dios Árnu.
 
Los cinco elementos están sostenidos por el plano del horizonte de fondo, que son los montes de Garciaz, y que sería el escenario principal.

Después trabajé lo que no se ve en la imagen. Al recordar el momento de la captura, me percaté de la importancia que tuvo el sonido, tanto de campanas -solemnes, grandilocuentes, redondas y lejanas-, como de cencerros, -corrientes, ramplones, plebeyos. El sonido, justo lo que no se ve, me llevó a los agentes vivos. Tenía un rebaño cerca. También hubía aves e insectos, cantos, trinos, moscardones y algún rebuzno; y el viento en los ramales lo removía todo al tiempo en el aire libre. Me sentí abrumado y excitado a la vez de percibir y ser consciente de cuanto oía, veía y sentía. Todos los agentes vivos están vibrando detrás de la imagen. Ellos serían los actores y actrices.
 
*
 

Ahora, habiendo meditado lo suficiente sobre la imagen, puedo empezar a trabajar el plano simbólico y formal de este borrador experimental con espiraciones a libreto para una sinfonía coral.
 
Las campanas responden ante lo divino, por eso se escribe en versos, como alta esfera. Los cencerros son más mundanos y están asociado a lo animal, aunque razonados. Por eso están escritos en prosa, adrede, prosaicamente, para expresar lo humano y bestial puedan tener y contemplar.  

Más tarde me pareció insuficiente e inadecuado. Los cencerros, vinculados a lo social pero también a lo musical, al pueblo, al folclore, al punk, también gozan de la expresión en verso, de canción. Por lo tanto, campanas y cencerros tienden a convivir en el aire de las próximas líneas. De qué otra manera si no, pues puedo jurar que campanas y cencerros era lo que yo escuchaba cuando tomé la captura de la imagen. Otra coincidencia, pura casualidad en estado puro.

Los cencerros emparejan árbol y nube, pues el ganado solo necesita del agua de las nubes y de los frutos del árbol para vivir.
 
Las campanas, por su parte, casan a la perfección con la otra pareja, campanario y espadaña, pues de allí procede su sonido y existencia. Los hombres solo necesitan un dios o varios para vivir, algunos ni eso, y se conforman entre risas y llantos con la torpe existencia. Hacen bien, en cualquier caso, si extraen de ello un ápice de belleza y felicidad.

Mencionar la naturaleza de cada texto, así los Cencerros, son cencerradas, prosas plagadas de reflexiones, imperfecciones, contradicciones. Comparten un espacio donde lo poético y lo patético se dan la mano.
 
Las campanas son del todo cánticos, y como contrapunto a lo doliente que lleva emparejado su sonido, he intentado de dotarlo de frescura con unos versos que proceden del agua, de la lluvia, de la gracia.

No podría terminar este trabajo sin mencionar al astro rey. El sol es el eje, la clave de la imagen. El sol es quien realiza el dibujo y la pintura, aporta la miel y la luz y la energía a todo el conjunto en su medida. Ocupa la parte central, en su punto aúrico y extiende su luz a lo largo de toda la franja central. 
 
El sol es el oro de este cántico, el solista de esta canción, el tenor de esta sinfonía, la voz que aspira a contaros la feliz comunión de lo humano y lo divino, de lo profano y lo sagrado, de la naturaleza y la inteligencia, de lo que es plenamente callado y del estrépito calmo del alma.

El sol marca el tiempo, el ritmo de la vida, el latido de los montes. El sol es el director de esta orquesta silenciosa que muerde los párpados de quien se deja embaucar por la belleza y su razón desvelada.



CENCERROS

1

El primer escrito sobre esta imagen fue un poema en prosa. El segundo texto sobre esta misma imagen fue otro poema en prosa. Renegar del verso es un método que sirve para no hacer mucho caso  a la métrica en beneficio de un discurso que, a veces, goza de una inspiración desatada, lo que viene a ser escribir del tirón. Es como encontrar el filón y extraer en bruto. Hablar de inspiración puede resultar pretencioso, sin embargo creo que es adecuado, pues cuando el espíritu entrevé puertas y caminos que conducen a una conciencia clara, luminosa y razonablemente imposible de encasillar, se dice que vamos bien, y tiramos como una flecha al corazón de una diana. Es lo que se ha llamado genio, -aunque yo prefiero llamarlo camino. En todo caso, a veces el genio -o el camino-  se aparece, quizás a base de tanto buscarle, -o le confundimos con un sucedáneo o una imitación. Este genio, con el tiempo, se puede pervertir o agotar, o abandonarnos, y entonces hay que buscar otro genio, o sea, otra fuente de inspiración. En todo caso, el tiempo también escasea, así se apresuremosnos y no perdamos ni un sólo segundo en divagaciones que el genio odia y que se desvían del camino.

2

El oro puede estar en el centro de la montaña. El oro puede estar en el lecho del río. El oro puede estar entre la arena del desierto. El oro puede estar alrededor de tu cuello. El oro puede estar entre tus dedos. El oro puede estar en tu muñeca. El oro puede estar en el sol. El oro puede estar en tus ojos. El oro puede estar en tus excrementos. El oro puede estar en la sangre de Jesucrito. El oro puede estar en un cubo de basura. El oro puede estar en un banco suizo. El oro puede estar en el aliento del lobo y en la lana sucia de la oveja. El oro puede estar bailando en la noche.

*

El oro negro está en la luz última de la tarde. A la pardilla. En el crepúsculo. En tu mirada que despierta, duerme y sueña con el oro blanco del amanecer.

*

Oro negro son los filamentos que forman las palabras. Oro negro son las manecillas del reloj. Oro negro es el tiempo que puedo dedicar a este oficio doméstico -y estrictamente nocturno- que es la escritura. Oro negro es la orfebrería de tu pensamiento. Por ello  quiero abordar la imagen de hoy, oro sobre oro, y anotar las impresiones que las dos parejas (torre-espadaña y árbol-nube) me producen más allá de lo emocional.


3

El sol muerde a la torre, se ciega en la piedra, la devora con dulzura, y en unos segundos la devuelve a la vida, la deglute, la deja igual, con algo de su saliva.

*

El sol  congela la imagen en tu memoria cuando incendia al bosque con su lengua de fuego. Prende a cada hoja su esplendor cromático, su tono pleno. La noche, luego, se encarga de todo. Va apagando suavemente las luces de las hojas y el temblor solemne de las rocas. Como corazones humanos que a placer duermen. La oscuridad, luego, también se matiza en una larga secuencia de sombras hasta llegar al absoluto negro. Procedente del otro lado de la luna. De allí y del confín último y primero del universo.

*

Unidas por el dios sol en la cita del atardecer, os encontráis vosotras ante mis ojos. Vosotras, parejas exaltadas de tanta paz, ante mis ojos pareceís tan lejanas al mundo cuando al mundo mismo representais. Y me enredo ante tanto estímulo y grandeza, ante tanto significado y belleza. Me enredo entre las ramas mientras la nube me cubre y llama, mientras el cielo me dice que vuelva a casa con este humilde regalo.

 

4

La lejana torre de la iglesia de Santiago Apostol de Garciaz asoma tras la loma que antecede a la ermita de la Concepción, ya a media legua del pueblo. En un punto, el campanario de la torre y el hueco de la espadaña de la ermita, coinciden en una suerte de perspectiva y rotación terrestre. Eso mi ojo lo sabe ahora, pero fue todo sorpresa, subidón y suerte fijar la mirada en esa precisa alineación. Fue como encontrar un precioso hallazgo. Aquel encuentro entre dos construcciones religiosas segregaba santidad por los cuatro costados, y a la vez era algo normal, fruto de la observación y de la perspectiva. Con ello, los dos templos cumplían su cometido, eterno de siglos, erguidas aún y soberanas en medio de los montes templados de octubre.

Así, en el lado izquierdo, esta pareja de aguja y campanario, humana y divina,  se complementa y contrapone a la otra pareja, formada por árbol y nube. Árbol y nube gozan de la una condición diferente. La condición de la naturaleza y lo sobrehumano. Pues el árbol, desojado de otoño, se encopeta de un nube negra, furtiva, veloz y aguacera, y en ello el hombre ni pincha ni corta.

5

 Ver que hay cosas y elementos que por un momento encajan -y se casan; ver cosas y elementos que por un momento se enlazan a un orden tan éfimero como secreto, de tal forma que de golpe se constituye un planeta nuevo. Eres ese explorador que examina las nuevas tierras exteriores, provisto ya de saberes varios, herramientas, prudencias y valores de supervivencias. Verás verdes valles y fértiles praderas. Verás voraces volcanes y peligrosas sierras. 

El nuevo planeta es una mujer con su naturaleza bien resuelta, sus aires fragantes -de humildad y de grandeza, de embriaguez perturbadora -irritantte o serena, con silencios de lujuria, amor, concordia o tormenta.  Descubrir una mujer es descubrir un planeta.


6

Suenan, retumban, se callan. El entorno todo se cubre del milagro que el sonido dejó en el cielo, devolviendo al universo lo que la tierra tiene de divino. Esa vibración no muere, se posa sobre la hierba, sobre las rocas, sobre los lomos de las ovejas y las hojas de las encinas huecas. Como un polvo sideral vibra la música que muere.

Suenan, retumban, se apagan. Y se enciende en mí la llama sorda de la esperanza como una aguja que me cose y me une al futuro eterno, ese mañana que es ahora mismo en gerundio perfecto. Escucho ahora el pasar de las nubes que también deja su música esparcida por los montes, deja las corcheas colgadas de las ramas como frutos y bayas. Las nubes traen las partituras del agua y del sueño para que venga la noche ya y no tiembles de miedo. Para que tiembles de amor, vida, para que tiembles junto a otro temblor de carne, de amor y risa, y levantes la tierra y el cielo. Para que tiembles de una vez, piedra, mármol de mis días,

7

Oh tú, música mía, tú que cincelas el aire que curte mi corazón, no tengas prisa por acabar. Esto no es una canción, es una sinfonía. Toma asiento y almohada, sedas y copas de cristal. Siéntate a mirar cómo un campanario resuena desde su construcción, cómo la piedra canta desde el fondo del río. Y es ese canto el que lima las uñas del animal que ruje enjaulado entre las costillas, de ese animal amenazado bajo la losa de un esternón dolménico. Oh tú, música mía, ahullenta las tormentas de mis sienes y aulla. Fuerte como el trueno despeja el negro velo que te oculta, sal a la ventisca, grita, corre, salta, relincha, música mía.

8

Me cae la tarde con su edredón de oro apagado y duermo sin pensar que mañana será otro día porque aún queda la noche que no me deja dormir ni pensar y me dicta su sueño por ser su igual. Me cae la tarde con la música de los cencerros y el trinar cruzado de los ruiseñores, y la melodía de las campanas que anuncia la oración y la gratitud, el verbo y el balido, el silencio sonoro y la soledad sosegada. Siempre quise ser un monje pero nunca me escuché lo suficiente. Amén el ruido que me salvó de serlo

Hay veces que hay que silenciar las voces procedentes de las mazmorras. Hay veces que hay que silenciar las voces procedentes de los púlpitos. Hay veces que hay que silenciar las voces procedentes de los móviles. Es lo malo de tenerlas, las voces, las mazmorras, los púlpitos, los móviles. Todos sobran, menos una, tu voz. 

Todo lo demás puede sobrar, pero ten oído para los demás que guardan su verdad en silencio.

9

Y si ahora descubro la luz, ahora después de tanto tiempo, después de tanto y tan cerca tenerla, de tanto a la mano que la tenía y no la veía, que la tocaba y no la poseía. Por fortuna. Y si ahora descubro la vida, ahora después de tanto penar, después de tanto y tanto por dentro sangrar, de tanto la espalda que la volví. Y si ahora viene la muerte y me interroga y me pregunta por lo que hice en vida y no me deja tiempo ni para pensalo. 

 

*** 


 CAMPANAS

 

10

El sol se despide por hoy con la ceremonia 

festiva de tu aliento, fuego nuevo siempre 

y consumido, oro viejo que robó al padre

 de las estrellas el día que naciste. 

 

11

No atardece. No se atan los corazones en vano

 si no para ayudarse en su latir y batir de alas.

*

No amanece. No se aman los corazones fugazmente

 si no para sonreir con dulzura al tiempo

 por su inocente crueldad.


12

Por encima de todo: aprende a respirar.

Nosotros los montes te daremos el aire puro.

Bajo presión o sin ella, a tres mil metros o bajo el mar.

Mientras puedas, mientras tengas aire a tu alrededor,

aprende a respirar. 

Nosotros los montes te daremos el aire puro.

Haz circular el aire por tu interior, degústalo, críbalo,

 conviértelo en viento, entrégalo con tu magia

exenta de magia.

 Propaga tu vida anónima y dulce,

 como una sierra de juguete,

como un árbol en flor.

Atrévete y respira.

Hondamente,

en la superficie del aire. 

Olfatea como un perro

su aromática piel inexistente.

Cuenta hasta siete.

Siete veces siete.

Cuenta mejor hasta doce.

Doce veces doce.

Uno

dos

tres

cuatro

cinco 

seis

siete

ocho

nueve

diez

once

y

doce.

Que así es como se aprende

el cántico de los montes.


*


Friday, 14 October 2022

CÁNTICOS DE PRADOLONGO (romance de las aguas y las nubes)


  *

Gracias sol, gracias pájaro.

Gracias camino sin tierra

que hoy me indicas que hay que seguir

que hay muchos lugares donde ir

aunque hay que estar muy quieto

para verlo y sentir

que hay que andar para izar el vuelo.

Surcos del agua y del cielo

me llevais a rastras.

Que no es cierto, yo me dejo

complacido en volandas,

que solo tengo lo que solo veo

a las claras y a las anchas miras

que en tu corazón hunden sus dedos.

 

*


Y si todo tiene su reflejo, y si todo se dobla y desdobla en duetos. Como un coro, a dos voces, a cuatro, a ocho, a doce. Y si todo te presta un espejo, un prisma, un crital, un mar en calma, un universo.

 Y si tú te reflejas en algo o  -y - en alguien. Y si tú eres el reflejo de algo o -y- de alguien. Y si pruebas a cerrar los ojos y decir lo que ves o -y- lo que sientes. Y si pruebas a abrir la mente y decir lo que piensas o -y- no piensas. Y si lo imposible se convirtiera en posible.

*

Todos los mares están surcados, todos los cielos navegados.

*

Todos los cuerpos merecen tu caricia.

*

Los aviones ya no aparecen, se fueron con sus causas, fugaces todas. Lejos los aviones repiten sus vuelos o descansan en hangares o pistas de aterrizaje. Surcan los cielos, perforan las nubes y silvan en lo alto la canción perdida del tiempo por el espacio. 

El romance de las aguas y las nubes es sencillo de contemplar. Se produce a menudo. Es el mismo romance que tus pies guardan con la tierra. Tienen la misma melodía, la misma marcha.

*

Las suelas de tus zapatos tiene nubes pegadas como chicles al cielo.


*

No hay más que mirar al frente para echarse a andar. No hay más que mirar de frente para echarse a volar. Vía Láctea con Vía Appia, vía Narborense con vía Egnatia. Vía Alcalá con Gran Vía. No hay más que mirar al frente para dejar de temblar. Es aquí y ahora, todo lo demás -lo sabes- sobra. Elige cualquier camino, échate a andar. Disfruta de tus piernas, de tus brazos, de tu cabeza firme, de tu cadera al pasear. Te tienes a tí mismo, por fin. Y principio.

*

Certero espejismo que es gozo e ilusión, ser, cuerpo y alma

 bajo el mismo abrigo perforado de escarcha.

*

Friday, 8 July 2022

CÁNTICO DE LA MENTIRA (o en la búsqueda del buen azar )

 

1


Todo parece medido, todo parece encajar a la perfección, pero es mentira. Todo se sostiene, pero es mentira. Todo parece alegre, y tambien es mentira. Amamos la mentira. Basta que algo sea mentira para que lo adoremos. Mis palabras son mentira, la maravillosa mentira que me salva y que adoro. Los puentes tendidos en el vacío de la página, bajo el sol y bajo la lluvia, bajo la intemperie de la tormenta que cesa ya. Todo parece sencillo, todo parece cuadrar dentro del marco, pero es mentira. Todo es azar.

*

La escritura me salva de mí mismo, desvela mis huesos y mi caminar. Me despelleja, me despoja de la verdad marchita, me fusiona con la mentira. Esa mentira que es creación y es mi verdad. A través de esa mentira veo más claramente quién soy, o quién puedo llegar a ser. Es decir, la mentira me desarrolla. La mentira del lenguaje y la mentira de la vida van de la mano, con la alianza de la palabra. . Acepto esa mentira como el principio de belleza en medio de la sordidez de la vida. La mancha es bella, el páramo es bello,  como el surco, como la arruga, como la rodaja de sandía en la primavera tardía. Acepto a la mentira como legítima esposa. Aunque nuestros vínculos van más allá de lo legible. 


2

Cantar tiene la forma redondeada del paladar, donde la voz se proyecta hacia el exterior, como burbujas sónicas de jabón. Néctar que liban los oídos de la misma flor.

*  

Ríos aéreos donde las corcheas son peces, las fusas tiburones y las redondas medusas.  Las semifusas ballenas, las blancas y las negras caballitos de mar.  Ríos aéreos que se enrroscan a tu cintura y te conducen allá donde los sueños encuentran su lugar.

 

3

En mis años infantiles sentía una fuerza inexplicable llena de dulzura que me conducía, sin ser consciente de ello, a las formas redondas. La explicación que siempre he dado  a esa fuerza es muy primaria: la madre es pura y absoluta redondez, y pura y absoluta candidez. Como el amor a una madre. Un círculo, una célula, un núcleo, un átomo.

*

En mis años juveniles me fui dando cuenta de otra obsesión, de otra tendencia. Esta vez hacia la forma cuadrangular, hasta que ya, de mayorcito, cuando me rondaban los doce años, se tornó en el eje de mis días. Me gustaba todo del cuadrado. Ocupar un cuadrado. Una habitación. Medía compulsivamente las baldosas de piedra picada y multiplicaba su número. Después anotaba el resultado sin importarme lo más mínimo. En mis años posteriores, empecé a leer y me gustaba manejar libros y leerlos de principio a fin. Y tomaba apuntes sin importarme lo más mínimo. Decían de mí que era un cabeza cuadrada y posiblemente llevaban razón. Pero nunca llegó a importarme lo más mínimo. 

Lo único que me importaba, lo único que me quitaba el sueño era llegar a pensar que alguien viniera y se pusiera a pintar mis baldosas trazando líneas rectas, verticales, uniendo los vértices opuestos. Un horror me invadía al pensar que se pudieran dividir mis divinas y perfectas baldosas cuadradas y convertirlas así de un plumazo en prepotentes triángulos rectángulo. Hoy en día ya no me preocupan las formas, ni siquiera los fondos. Cuando me di cuenta que un cuadrado está formado por dos triángulos rectángulos empezó todo lo demás a simplificarse y a explicarse geométricamente. Hasta que conocí el amor y toda forma geométrica voló por los aires.

Ahora me preocupa relacionarme con los humanos. Con mis hermanos y hermanas. Me sentí expulsado de la familia y eso no tenía sentido. Empecé a visitar a las piedras, y no me fue mejor. Empecé a visitar  playas. Y aquí estoy.

*

Para todo hay que improvisar. Vivimos en el tiempo de la improvisación. Y si no improvisas es que estás perdido, o tienes el miedo dentro. La base de la improvisación es la confianza. Sin confianza desaparece la flor de la improvisación. 

*

Wednesday, 15 June 2022

CÁNTICOS DE LAS RUINAS (y otros modos de supervivencia)



 

1

Quisiera contar algo de la extraña atracción que siento por este lugar, pero me lo ahorro. Estoy en plan rata. La imagen debe hablar, y contar, y susurrarnos. Todos sabemos que hay una historia -al menos- detrás de cada lugar. Yo no la conozco, y he huído de este lugar porque siento un repelús siniestro que no me interesa, al menos de momento. He aprendido a pasar olímpicamente de las extrañas atracciones y los malos rollos. Por otra parte, sospecho que pasar de algo es una manera de encubrir un miedo, y que por mucho que lo omitas existirá un latido de baja intensidad constante. Eso me parece interesante, de tal modo que intentaré abordarlo, aún con miedo y desconfianza.

*

(Localización: Al lado del centro comercial ParqueSur, Leganés. Cerca ya de Villaverde Alto y El Bercial, y algo más distante de Orcasitas y Getafe.)

Según las indagaciones que hice en mis cuatro incursiones, las ruinas denotan un pasado vinculado con alguna actividad industrial. La cercanía a la fundición de Aceralia -hoy en día declarada Patrimonio de interés cultural- me hace pensar en un centro de chatarra que recogía los metales que los chatarreros del entorno acarreaban y recolectaban. Dos anchas bases cilíndricas -y la altura de una de ellas a modo de imponente columna, me indican que hubo algún tipo de grua de gran tonelaje. También la longitud  del muro del edificio central alcanza los seis metros, y una aledaña estructura circular, de unos ocho metros de diámetro, muestran con claridad la existencia de un rodillo enorme -o varios- que pudiera servir de molino o tal vez de trituradora. 

Mi imaginación me lleva al origen de esa actividad en la zona de Leganés, o como extensión de Villaverde, centro metarúlgico del sur de Madrid. No me quiero desviar, porque hablar de Villaverde sería salirme de mi jurisprudencia y la ley del Charly es centrarse en Leganés. Ahí tiene aún tela  que cortar. 

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El tema del miedo que rodea a este lugar es algo intrínseco a él. Hay paisajes que insuflan una atmósfera terrorífica de un modo inexplicable, y éste es uno de ellos. Supongo que la aparición de las ruinas, con su niebla de caos reinante, junto a la espesura de una vegetación desatendida por el hombre, y las extensiones de desechos acumulados en su entorno, cumplen tres condiciones para que lo salvaje se instale en su nucleo. El detonante definitivo apareció en  la visita que hice el primer día del presente año, ya por la tarde, a primera hora, cuando todo y todos parecen descansar de la celebración de la Nochevieja. 

Como conocía el lugar accedí por la parte de atrás, bordeando un enorme descampado plagado de conejeras y vegetaciones yermas, y donde se aprecian los montículos formados por las sucesivas vuelcas de escombro, décadas atrás. Me encaramé en la loma que tímidamente domina aquel paraje para observarlo heroicamente. De repente, apareció una figura insólita caminando de espaldas. Ataviado de pantalones, botas y un chaleco de cuero, con los brazos al aire gélido de enero, esa figura apenas caminó diez pasos de espaldas a mí antes de perderse tras el muro del edificio principal. Diez pasos fueron suficientes para aterrarme. Ni siquiera se giró, si siquiera reparó en mi presencia. Y doy gracias. Mi intuición me dijo que era alguien chungo, y desaparecí volando. Desde entonces, transcurridos ya seis meses, he vuelto en dos ocasiones a aquel lugar, a aquella loma. Mi intuición me previene, y aún así he podido acercarme más y obtener fotografías cercanas al lugar donde presumiblemente habita el hombre del chaleco de andares hoscos. Desde entonces mi subconsciente se está preparando para un encuentro con él. No hay miedo que no aborde. El miedo me dice que estoy radiantemente vivo, y aún más, que mi vida es preciosa y valiosa, y que crece en su hermosura cuando me enfrento a lo terrible y desconocido. Es lo que se llama la atracción al Mal, una tendencia que, afortunadamente, pocas veces creo atender.


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Soy un especulador literario. No me ciño a la historia ni habiéndola estudiado. Tal vez por ello huyo de ella como de la peste. Soy un alegre especulador literario que goza de la libertad de la palabra y bebe de los ínfintos néctares de la belleza. Soy un especulador literario que no huye de lo horrible y que incluso me sumerjo en ello para obtener más conocimiento de la naturaleza y de lo humano.

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Todos lo sabemos. Lo obviamos y lo olvidamos y entonces es igual que ignorarlo. Todos sabemos que las ruinas están vivas, que son las ancianas de la familia que repudiamos. Todos renegamos de las ruinas porque huelen a pobreza, a rancio, a humedad, a rata muerta. Todos lo sabemos, que con los restos de las ruinas construimos el presente.

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Todos olvidamos, asuntos, objetos, enseres, carpetas, amores, enfados y entusiasmos varios; está demostrado que la memoria no soporta tanta información como los sentidos procesan ni tanta emotividad como el corazón registra. Entonces asistimos a la formación y destrucción de la memoria, esa malla, esa red esponjosa que guarda recuerdos que son a su vez ruinas de momentos, estertores y esplendores que fueron reales o imaginados. 

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Algunas ruinas contienen más belleza que otras, y muchas desaparecen con la arena que el desierto del tiempo arroja contra la memoria.

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Hay que tener el espíritu de un arquitecto para levantar con la imaginación cada pieza de las ruinas. 

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Podría maravillarme con una piedra, en absoluta y rotunda soledad, pero hoy prefiero tirarla, arrojarla al río y decir vamos sé libre piedra vuela cae descansa sueña flota guarda refleja salpica hiere rompe grita estalla y quédate en tu sitio hasta que termines en otro lugar y cambies tú sin cambiar al igual que el nuevo emplazamiento que silenciosamente revitalizas. Así es como he llegado a una conclusión: las cosas de la naturaleza no nacen o mueren, si no que se revitalizan o aletargan.

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Las ruinas me parecen los más dignos supervivientes  de esa trituradora a la que llamamos tiempo. 

Las ruinas son los relojes del olvido.

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Las ruinas son los supervivientes maltrechos que muestran con orgullo y humildad las heridas del tiempo. Porque el tiempo se refleja en la ruina, y la ruina anuncia el final del tiempo, la cercanía de la muerte y la belleza de la supervivencia.

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Las ruinas son las formas antiguas de la historia que conservan la fragilidad del tiempo y de la historia misma.  

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Nadie sabe lo bien que sienta, al despertar, un bocadillo de piedras. La digestión del resto del día queda garantizada y las vitaminas A, D, H y J que aportan al organismo estabilizan todos los parámetros posibles del colesterol y neutralizan el ardor de estómago.

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Friday, 10 June 2022

CÁNTICO DE LOS COLCHONES (dietas para soñar despierto)


 
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Fui recuperando los sueños perdidos a medida que me reencontraba conmigo mismo. Empecé a correr con los masais y a cruzar el desierto con los beduinos. Canté con los gitanos del Sacromonte y bailé con los derviches de Konya. Construí casas de adobe a orillas del Eúfrates y descubrí los secretos de las catedrales góticas.  Me inicié en el comercio en la Ruta de la Seda, y tras dos años de travesía me convertí en un hombre curtido y rico, con un harén y muchos hijos. Enfermé de felicidad y aburrimiento y volví a despertar y así iniciar un nuevo sueño.

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Como emergido del lodazal sombrío, vi asomar lentamente una figura imprecisa, molde quizas de lo que seré. 

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Rompe el espejo de lo que vemos. Un puño de barro da paso a un ídolo fenicio, a un caballo celtíbero, a un guerrero frigio. Rompe el espejo de lo que somos. Una máscara de cuero da paso a un festival normando, a una bacanal romana, a una rave en Orcasitas.

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El sueño traza contigo en la tierra su trampa más bondadosa. Oh tú, bello colchón desechado, mira hacia tu interior algodonado y pega el mayor salto posible. Confia a muerte en la vida.

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Mullido canto de sirenas, recoge a este pobre naúfrago en tus playas que susurra una canción mientras sueña.

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Hacia el vacío diario -nocturno o no. Hacia el abandono de lo encorsetado -remunerado o no. Dormir es entrar en un aeropuerto. Eso sí, una vez allí no te quedes dormido o perderás tu vuelo.

 

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Trampolín hacía el Valhalla con los ojos cerrados, tú que solitario atraviesas las praderas de Morfeo a lomos de un animal que respira y declama ciego. Tú que te sumerges en el Leteo cada vez que el fuego te abrasa para abrazar el olvido y la cura del sueño.

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Fuera de tiempo, fuera de juego. Dormir anula la vida ruin y la transforma siempre en algo nuevo: en lo no comprobable y de continuo incierto; en lo fugaz, intranscendente e ingenuo. 

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El sueño conecta vida y muerte en un canal pirata que emite por abierto y sin franja horaria.


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En los colchones desgastados yo me recargué

En los colchones perdidos yo me tumbé

En los colchones tirados yo me alcé

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En los colchones desgastados yo me renové

 En los colchones perdidos yo me refugié

En los colchones tirados yo me incliné

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En los colchones desgastados yo me recreé

 En los colchones perdidos yo me encontré

En los colchones tirados yo me deseé

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En los colchones desgastados yo me inicié

En los colchones perdidos yo me incendié 

 En los colchones tirados yo me realicé

 

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Thursday, 24 March 2022

CÁNTICOS RODADOS ( lo impredecible de los días)



 
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 Hoy canto a la sobria lentitud desde la imagen inerte,

 esa que detiene el cansancio de tanto rodar y robar. 

 


 Hoy canto a la excitada quietud de la vida 

que de un momento a otro, vertiginosa salta y gira.

 

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Wednesday, 23 March 2022

CÁNTICOS DE INVIERNO ( y la santidad del frío)



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Despedirse del invierno. Darle gracias por tanto desnudo, por tanta verdad, por tanto frío. Su verdad descarnada es la taza helada de porclana que acoje al té hirviendo.

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 El invierno siempre ha sido un excelente consejero. Te prepara como nadie puede hacerlo y afrontas la realidad con sus leyes marciales. Mientras, el frío me ayuda a buscar el calor. 

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DYNAMICUS (o la maquinaria del devenir)

Ficha Técnica Título: Dynamicus I Técnica: Punta seca y acetato Tamaño matriz: 3 matrices de acetato, 2 de 70 x 50 cm. y 1 de 50 x 35 cm. Ta...