"Lo primitivo no es lo mismo que lo bárbaro. Lo bárbaro ya está corrompido, lo primitivo aún no ha madurado." G. Leopardi

Monday, 11 April 2011

LAS PIEDRAS AZULES (¿obras o señalizaciones?)

Abril 2011

_____________________________________________________

Podría iniciar una serie que recoja los cambios que producen otros seres humanos en el entorno donde actualmente trabajo. Ya había percibido signos que llamaban mi atención (otras piedras pintadas), pero hasta hoy no me habían inquietado tanto. Esto va a más. La piedra pintada de azul que veis aquí es una de las trece o catorce o quince (otro día las cuento) que forman una recta perfecta en la pradera. Cada piedra dista de la siguiente en unos catorce pasos, a veces trece, eso sí lo he contado. Y no sólo eso, cuando se acercan a "mi zona" han aparecido otras piedras pintadas de rojo y amarillo. Mi sensación inicial ha sido de profundo desagrado. Esa pintura es mierda, spray, algo tan artificial como contaminante. He buscado un lugar puro y limpio para hacerlo más puro y limpio aún. Exagero, ya, y qué. Mi cabeza no ha dejado de pensar excitada por los cambios. Incluso he pensado en que tal vez fuera un guiño de una amiga que "saluda kon kolores", o en la intervención de otros colegas artistas que han querido hacer de este espacio un lugar común para el arte al aire libre. Y no es mala idea, pero me joderían vivo. Hay precedentes en el land art.

En todo esto pensaba mientras volvía a casa con la cámara sin batería, pero repleta de nuevas fotografías. Pensaba en lo positivo de la idea de configurar un nuevo espacio para el arte (mas el arte no debe tener límites); pensaba en lo idóneo del camino que recorría, el de ida prepara la mente para actuar, y el de vuelta deja la mente para reflexionar sobre lo hecho o lo contemplado. Supongo que esa es mi experiencia y que en esa dialéctica me muevo: en el alejamiento y acercamiento a la tierra.

Cuando levanto la cabeza para airear la mirada, distingo claramente la silueta de Aziz sobre el camino que viene al cruce, un poco por delante. Pego una voz y corro a su encuentro. Él siempre choca los cinco, como debe ser. Me ofrece un cigarro que deniego (pues al paso -y menudo paso- nunca fumo) y me habla de la Champions, del partido de mañana y de que haber si cae el Barça. Qué gran sentido del humor. Cuando le pregunto si sabe algo de las piedras pintadas me comenta que son los que vienen a jugar al golf, un padre y sus hijos. Joder, joder, joder. Al fin y al cabo, en esa inocencia e inconsciencia artística, le han dado más color al prado. Se lo perdono, qué remedio, y sobre todo por haber respetado una obra especialmente. Incluso se me han adelantado. Pronto sabréis de lo que hablo. De momento, estas piedras azules actúan como nuevos detonadores que perturban mi cerebro.